martes, 23 de junio de 2015

UNA VIDA MISIONERA

Asegurada la residencia para las hermanas que atenderían el asilo, se puso en marcha la rueda del Amor. Las religiosas destinadas para la pequeña localidad de Entre Ríos, cuna de inmigrantes y Capital de los Trenes, ya habían sido nombradas por la Madre Fundadora.
Se iniciaba así la nueva obra de la Congregación, las hermanas Rosa Dujmovic, Arcángela Aquino y Monserrat Lares, fueron las encargadas de poner en condiciones habitables la construcción y esperar así la inauguración que contaría con la presencia de autoridades provinciales, departamentales, civiles y religiosas, y el acompañamiento de la Madre Petkovic.
El 10 de abril de 1948 en el pasajero de las 21 hs. llegó a la estación Gobernador Basavilbaso, la Madre Fundadora de la Congregación "Hijas de la Misericordia", feliz de llegar de la mano de Dios a velar por niños y jóvenes que requerían de cuidado para realizar la escolaridad primaria.
Pero allí no terminaría la historia, con altos y bajos, con ayudas y momentos de extrema pobreza, las hermanas seguirían trabajando y aumentando esta empresa de la voluntad Divina.
De a poco se fueron creado los cursos de la escuela primaria: en 1949 desde primero inferior hasta 5to grado, además de enseñar Corte y confección, y labores. En 1950 se incorporó el 6to grado de la educación primaria para completar la escolaridad de ese momento. En 1955 comenzó el Jardín de Infantes para la escolaridad Inicial y talleres de Dibujo, Pintura y Dactilografía. Desde el '55 al '58 estos fueron los claustros que vivían en el Instituto "Cristo Rey" y así comenzaba a ser conocido y respetado por los habitantes de Basavilbaso y su zona de influencia. Estos primeros pasos, fueron acompañados por vecinos y autoridades que viendo la necesidad de esta casa de estudios confesional, ayudaron en todo lo que las hermanas necesitaban.
Lentamente se encaminaba esta historia hacia una necesidad mayor, la preparación de las adolescentes y jóvenes, en la escolaridad secundaria. Pero esta empresa debía ser consensuada por vecinos y autoridades, civiles y religiosas, tener un sustento económico y la voluntad de continuar con la ampliación de la construcción original.
Y nada es imposible para la Providencia, por eso muy pronto estarían abiertas las puertas de la educación secundaria, muy pronto comenzaría otra etapa de esfuerzo y entrega por parte de quienes veían avanzar la obra de la Congregación y de quienes trabajaban codo a codo con las religiosas.